Cuentos del COVID-19

Li sostuvo la mirada en el mar. Su barco se movía muy lento y no había nada que hacer. Quiso que fuera su nave dragón, la que usaba para las competencias de vela en Saigón. Quiso estar ahí, con sus amigos, y no en ese carguero, como comerciante de una infinidad de productos con destino a Corea. Lo único que lo animó fue pensar que en este país comería bien, que bebería hasta el hartazgo y sobre todo que saldría de ese navío en el que llevaba días y días, como encerrado. Cerró los ojos. Cuando los abrió se vio aquí en Seúl, con los síntomas del fuego del dragón en sus entrañas: la fiebre muy alta, los pulmones que estallan y el respiro que se vuelve dolor. Sí, en su sueño se volvió su deseo, y ahora, junto a mí, en el hospital, oigo cómo se lamenta por el encierro del que tal vez nunca vuelva a salir.

Cuentos sobre el COVID-19

Kim Sang no estaba muy de acuerdo con que su madre comprara un dragón. Su abuelo siempre le había dicho que los dragones nos traen suerte, nos regalan la lluvia y con ello alimentan los ríos y los lagos. Así se rocían los campos y los frutos. Gracias a ellos podemos beber. Kim sabía que a los dragones sólo hay que buscarlos cuándo realmente los necesitamos y sobre todo nunca hay que enjaularlos y menos comérnoslos. Les gusta vivir libres en las cuevas o abajo del agua. Lo peor es que su madre quería comprar el dragón un 10 de noviembre. Acaso no sabía que el número del dragón es el 9? Según el abuelo todos los seres tenemos un número positivo, que es nuestra suerte. El dragón posee el 9 porque tiene 117 escamas, 81 son del yang y 36 del ying. Entonces cuando su madre metió al bolso del mandado un murciélago amarrado y una serpiente, un 10 de noviembre y no en día múltiple del 9, supo que algo terrible iba a suceder. Tal vez por eso no le sorpendió ver, con mucha tristeza, cómo su abuelo, y los amigos de sus abuelos se están murieron como ahogados por el fuego del dragón, al que unos llaman 19.

Cuentos sobre el COVID-19

Ming Liu fue a la cueva de sus ancestros. En la casa no había que comer, así que quiso arrojar a la olla lo que su abuelo y el abuelo de su abuelo siempre habían cazado en tiempos de hambre: murciélagos. Se puso una mascada para evitar el olor del guano, y para que no se le cayera el excremento desde la bóveda de la cueva encima de él. Desde que entró a la gruta le vino el olor de la humedad y ese sonido casi silencioso de alas y chillidos. Ayudado por su lámpara de mano, iluminó sobre sí. De inmediato provocó un inmneso revoloteo, un agitado vuelo por sobre sus hombros y cuerpo. No tuvo miedo, simplemente extendió la jaula con un palo. La alzó y en ella, sin más dilación entró un animal. La reja se cerró sola.  Caminó lo más lejos posible de la cueva, jaula en mano. Sus pasos pisaron el lodo y hierba, y así, Ming Liu intodujo a su casa la única carne en días y el inicio de mi encierro en su jaula.

Su nombre es Gervais

Cuento basado en una historia real, sobre una historia personal que me contó un indígena de Canadá. Una historia sobre las reservas indígenas, el abuso, la naturaleza y la esperanza. Publicado por la revista internacional Resonancias. Ojalá lo disfruten

 

Su nombre es Gervais

A través de los claveles blancos en torno al ataúd, Gervais observó con cuidado al cura. El padre Labbé conversaba en voz baja con una invitada al velorio. Los pétalos obstruyeron la imagen del prelado, mas Gervais no quiso moverse. No necesitó verlo mejor. Supo que era él.

Para leer el resto del cuento haga click aquí: Su nombre es Gervais

El último libro de Babel, parte cuatro

Tal parece que los libros de fondo y la literatura compleja o más trabajada estén desapareciendo de las librerías y bibliotecas de Montreal. Es como si la nada y la era digital se estuviesen comiendo el conocimiento, “las bellas letras” y nuestra noción y legado de la historia. Ello me empujó a escribir una serie de cuatro ensayos sobre este fenómeno. Aquí les entego la última parte, en donde develo un descubrimiento que me emocionó. El encuentro conmigo mismo, con mi pasado, mi ancestro Felipe Berriozábal, ministro de guerra de Benito Juárez, de José María iglesias, defensor de la democracia en México frente a los golpes de estado de Porfirio Díaz y antes frente a la invasión francesa.

El último libro de Babel, parte 4

El guardián de los espejos

Siempre he creído que no somos solo una vida, sino que somos un vínculo con la historia, con quienes fuimos nosotros y nuestros ancestros en un pasado, cercano o remoto. De esta forma, existen hechos y circunstancias del presente  que nos empujan a una búsqueda histórica de las razones de lo que sufrimos en el presente.  Es necesario un viaje a nuestra vida y un diálogo con quienes ya no están. De ahí que haya escrito un cuento que considero de “autobiografía histórica”. Su nombre: El guardián de los espejos”. Se ganó una mención honrosa en el concurso de cuentos Nuestra Palabra, de Toronto. Ahora lo acaba de publicar la revista internacional Resonancias. La introducción a mi relato es sin duda la mejor reseña y nota literaria que hay recibido. Los invito a leer mi cuento aquí:

El guardián de los espejos

El último libro de Babel, tercera parte

La crisis del libro es un hecho,  a pesar de la gran presencia de la literatura en internet. Esta crisis se refleja en la desaparición de libros de fondo y de autores literarios complejos, o por lo menos una reducción severa de venta y lectura de sus obras, en las librerías de Montreal y Canadá. En esta tercera parte, de la serie de crónicas que he escrito al respecto para la revista Hispanophone, medito sobre ¿cuál es la implicación del cambio de lo impreso a lo digital?, ¿de la transformación del espacio de la librería o biblioteca tradicional al espacio virtual? ¿Cuál es la implicación de todo esto en nuestra noción de objeto y de espacio?, y más aún de la memoria. Hasta ahora la serie ha suscitado muchas emociones. Lo cual implica que es un tema apasionante que nos toca a todos los que amamos las letras y el saber. Como el tema lo pide, y deseo profundizar más, dejo la crónica y la entrevista para dar lugar a un ensayo, en donde elaboro algunas de mis reflexiones. Las cuales comparto aquí con ustedes:

El último libro de Babel, parte 3